sábado, 15 de mayo de 2010

Los cuentos breves de Delia Fiallo


VI


Aunque no lo supe por muchísimo tiempo, mi hogar siempre se ha hallado justo en el área entre el pómulo izquierdo y el mentón del hombre de mi vida. Cuando beso su mejilla, que ya no es tan firme cómo cuando no sabía que era el hombre de mi vida, todo se equilibra, se pacifica, se armoniza y una plácida sensación de él se adueña de nosotros.

Cuando el hombre de mi vida se enteró de esto, simplemente sonrió y me dejo anidar en su oreja.