lunes, 5 de mayo de 2008

Lluvia sobre Caracas



Hoy llovía. Llueve. Llueve sobre Caracas. Una brasa en mi breve nariz me obliga a evadir la lluvia, pero la desafío y -pese al resfriado- salgo. Un instante. Y basta para reconocer que la poesía nos sigue, nos busca, nos encuentra. Si nos dejamos.
Centenares de gotas apagan la estridencia habitual de la calle. Barnizan el asfaltado, ofrecen la ilusión de eliminar los huecos, de llevarse los olores a los cuales nos vamos mal acostumbrando.
Y ella, queriendo jugar con uno, resplandece en el refugio del micrófono; en la voz de una poeta que hoy comparto con quienes visitan este querido patio, sentados bajo las pomarrosas y los cerezos...



TRABAJOS DE LA LLUVIA

"La lluvia cae
y uno recoge al mundo de costado

naufragio de pies
agua que arrastra torpe
la carne cerrada del silencio
la gris melancolía de Caracas

la lluvia
escindiendo

desarmando las cosas
como frutos de un árbol
crecido en lo absurdo de las horas

lluvia igualándolo todo
como una nueva e impersonal manera de ser Dios

deshilvanando
esta vida en borrador
de cuyo fondo volverán tus ojos"

MECÁNICA CELESTE

"Siento
y no quiero olvidarlo
la noche espléndida tras la persiana
la quietud mansa de tu pelo negrísimo
esta lluvia como cielo duro que cae envolviéndonos
mientras te oigo debajo de mí
y regreso a tu corazón salvaje
decidido a latir
espacio1en la curvatura dulce de mi cuerpo que
despierta"


Mharía Vázquez Benarroch

Escucha más de Mharía el domingo 11 de mayo en Librería Sónica por RCR 750AM o a partir del miércoles 14 en el vínculo de Pétalos hertzianos.

4 comentarios:

Aramakao dijo...

Muy bonito Lin
UN ABRAZO

IRIS dijo...

Parece que la lluvia estos días visita todas las ciudades del mundo, pues por aquí también nos moja con su presencia. Muy buenos poemas. Un placer leerte!
Un abrazo muy grande linda!

J. L. Maldonado dijo...

Acuse de lectura poeta!

PANAMAYOR dijo...

"Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós".
Juio Cortázar.
Aplastamiento de las gotas