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sábado, 15 de mayo de 2010

Los cuentos breves de Delia Fiallo


VI


Aunque no lo supe por muchísimo tiempo, mi hogar siempre se ha hallado justo en el área entre el pómulo izquierdo y el mentón del hombre de mi vida. Cuando beso su mejilla, que ya no es tan firme cómo cuando no sabía que era el hombre de mi vida, todo se equilibra, se pacifica, se armoniza y una plácida sensación de él se adueña de nosotros.

Cuando el hombre de mi vida se enteró de esto, simplemente sonrió y me dejo anidar en su oreja.

viernes, 14 de mayo de 2010

Los cuentos breves de Delia Fiallo




V

“Para responder una pregunta, deben escuchar con atención, porque siempre la respuesta está contenida en la pregunta”, nos decía mucho tiempo antes de conocer al hombre de mi vida mi maestra del 5to grado B.

Hoy la recordé tan claramente, cuando le pregunté al hombre de mi vida: “Sí te casas conmigo, ¿verdad?”.

Por supuesto, al hombre de mi vida no le quedó más alternativa que usar la respuesta contenida en la pregunta.

Los cuentos breves de Delia Fiallo




IV

El hombre de mi vida llegó una madrugada con los ojos brillantes. No pude precisar si era alegría o luto. Sólo supe, casi inmediatamente, que el hombre de mi vida había decidido ser sólo el hombre de MI vida. No pedí explicaciones, ni razones, ni siquiera me enteré muy bien del cuento. Lo cierto es que la que él pensaba que era la mujer de su vida, a 7.500 kilómetros de aquí, cada vez se le fue pareciendo más y más a mí.

Sin quererlo, le hizo darse cuenta de lo mucho que extrañaba mis sabores, a los que ella nunca se acercó. Sin saberlo, ella copió mi mirada del recuerdo que él se llevaba de mí, mis besos de los que yo dejaba en su boca, mis palabras de las que se enredaban entre el pabellón de su oreja y su cabello, mis caricias de las huellas de aquellas que dejaban mis masajes en su cuerpo.

Y así fue como, de a poco, la que él pensaba que era la mujer de su vida le dio alimento a su nostalgia y argumento a sus viajes para –finalmente- convertirme en la única mujer de la vida del hombre de mi vida.

Los cuentos breves de Delia Fiallo




III

El hombre de mi vida ¡por fin! se ha dado cuenta de que soy la mujer de su vida. Fue muy fácil: a punto de tomar el avión, justo después de recibir su boarding pass donde le asignaban el asiento C22, se dio cuenta de que estaría nueve horas entre la señora talla 18 y el luchador de sumo. Entonces recordó lo bien que le sientan mis masajes. Canceló el vuelo. Puso en stand by el Mediterráneo.

Ahora, el hombre de mi vida anda coleccionando repeticiones instantáneas de mí. Convencido de lo afortunado que es, pues tiene en exclusiva a la mujer de su vida seis meses de caribeño verano tropical. Pues tiene en exclusiva a la mujer de su vida tres meses de invierno peninsular, más tres de primavera ibérica.

Aunque él no sea exclusivo para ninguna de las dos.

jueves, 13 de mayo de 2010

Los cuentos breves de Delia Fiallo




II

Cuando conocí al hombre de mi vida acababa de pasar sin pena ni gloria por eso que las abuelas llaman desfloramiento, aunque aún no me salían las muelas del juicio. Quizás por esta carencia ósea fue que me enamoré perdidamente del hombre de mi vida. Y digo perdidamente, porque aunque seguimos enamoradísimos el uno del otro, en el camino nos perdimos y cada uno agarró por su lado en la más completa ignorancia metafísica de que nuestras almas estaban ahí fusionadas desde la inmemoria del tiempo.

Como no pienso esperar cinco lustros más para darle cuerpo al espíritu, ahora que lo reencontré debo hallar una solución para eliminar lo único que nos separa: 206 huesos y 17 músculos de la sonrisa de quien ocupa mi puesto a 7.500 kilómetros de distancia.

miércoles, 12 de mayo de 2010

De la serie El hombre de mi vida o los cuentos breves de Delia Fiallo





“Un cuento infantil hecho para adultos que ya tienen un buen kilometraje.”
Wilmer Rojas Buendía
UCLA - EEUU


al dueño de la llave



I


Conocí al hombre de mi vida cuando ni siquiera sabía usar esa frase. Viví un tiempo con otro. Me casé, con otro. Tuve hijos, con otro. Y desistí de buscar al hombre de mi vida, con otro.

Con el paso de los años, me encontré nuevamente con aquel que no sabía que era el hombre de mi vida en esa edad en que ni siquiera me importaba la frase. Y entonces, lo descubrí. Descubrí que ESE era el hombre de mi vida, sólo que no podía saberlo porque ignoraba que en la vida había que tener un hombre.

Ahora que por fin reencontré al hombre de mi vida, simplemente me queda esperar a que él se dé cuenta de que yo también soy la mujer de su vida. Para eso, claro, debe dejar primero de pensar que quien está con él ahora, es la mujer de su vida.